Un diagnóstico apropiado es siempre el primer paso para un tratamiento efectivo. Hacerlo a tiempo permite la intervención oportuna y ayuda a evita funestos errores.
El TDAH se puede confundir con algunos desórdenes de la infancia o con trastornos emocionales como ansiedad, depresión, etc., o puede también llevar a que los demás tilden al niño de inepto, perezoso o conflictivo. Por lo tanto, el diagnóstico requiere la participación de un grupo de profesionales e implica un proceso y un seguimiento cuidadoso desde el punto de vista médico, psicológico, pedagógico y de comportamiento (en la casa y en el ambiente social
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